Iconos del Flamenco: Paco de Lucía

Iconos del Flamenco: Paco de Lucía

 

ICONOS DEL FLAMENCO

 

Esta web, además del afán divulgador de la actualidad de “Villa Rosa”, tiene también como objetivo la difusión del arte flamenco, mediante la publicación de información, ensayo, artículos de Historia y otros materiales que, a buen seguro, serán de utilidad tanto para el aficionado como para el neófito.

Comenzamos la serie “Iconos del flamenco” a través de la que nos proponemos recordar y ensalzar la figura de artistas que fueron y son santo y seña de este arte. Tanto en el ámbito del cante, como del baile o la guitarra.

Paco de Lucia

Paco de Lucía

 

Todavía no nos creemos en el flamenco lo que ha sido, lo que ha supuesto para el género y para la guitarra Francisco Sánchez Gómez, Paco de Lucía (Algeciras, Cádiz. 21-XII-1947/Playa del Carmen, México. 25-II-2014). No se lo cree el flamenco y, en general, no es consciente la sociedad española de lo que ha tenido entre sus compatriotas.

 

Hablamos no sólo del mejor guitarrista de la historia del flamenco. Paco de Lucía fue seguramente el mayor y mejor embajador que tuvo el arte jondo y uno de los más grandes músicos que hemos tenido en España.

 

Nacido en una humildísima familia algecireña residente en la calle San Francisco, el pequeño Mambrú espabiló rápidamente. Demostrando que, aún siendo el más pequeño, era capaz de asimilar antes que nadie los conocimientos flamencos que inculcaba el padre. Antonio Sánchez Pecino, exigente hasta el extremo, se percató rápidamente y afinó con su hijo pequeño el “Plan Maestro” que bautizó en su día Donn Pohren y que tan buenos resultados había dado con Ramón de Algeciras, ya incipiente maestro del toque, y con Pepe, más esquivo con la sonanta pero gran cantaor en ciernes.

 

Así que Paquito de Algeciras dejó el colegio con lo justo y se puso a echarle horas al instrumento entre el asombro del vecindario y las esperanzas de una familia más que apretada en lo económico.

 

En cuanto fue posible, los Chiquitos de Algeciras se lanzaron a otear el mercado flamenco y, Paco y Pepe, comenzaron a ser el no va más. En Jerez se llevaron los premios siendo apenas unos niños y con Paquito se tuvieron que inventar un galardón. No se había visto ni oído nada igual.

 

Conviene pararse en este punto. Paco de Lucía había asimilado y superado en menos de diez años de estudio intensivo buena parte de las mayores exigencias que el arte flamenco le pondrá delante en lo sucesivo. Eso sólo fue posible por cuatro factores: la virulenta exigencia de su padre, hoy seguramente prohibida hasta por ley. La imperiosa necesidad de la familia por obtener recursos. El espíritu de trabajo y docilidad del pequeño Francisco. Y, como cuarto motivo, el genio asombroso de su capacidad auditiva, técnica y musical. Resulta francamente complicado que hoy, en nuestros días de niñez, agasajos y buenismos pedagógicos, se repitan semejantes mimbres en un aspirante a rey de la guitarra.

 

Ya en Madrid, la familia persigue un sueño y, aunque con cuentagotas, lo va consiguiendo. Paco de Lucía se va embarcando en proyectos con la tutoría de su padre y, sin trabajar en tablaos, nunca lo hizo, el ya maestro acompaña a multitud de cantaores. Siempre demostrando una flamencura, conocimiento del cante y madurez insultantes.

 

1967 marca el inicio de su carrera discográfica como solista y compositor. En apenas dos discos ya tenemos los conceptos ricarderos y sabiqueros bastante bien asentados. Tanto como para poner a Paco de Lucía en la cima del toque. No se conocería un claro sucesor hasta… en eso estamos. Es quizá de los pocos casos en el arte en el que un referente para el gremio lo es desde el principio hasta el fin de su existencia. Incluso después de fallecido los flamencos y, sobre todo los tocaores, andan buscándole sucesor. Imposible y absurda tarea.

 

La suerte estaba con el flamenco. Y puso a Paco de Lucía enfrente de Camarón. El flechazo artístico fue decisivo. Y la década de los setenta suya, de principio a fin. Mientras uno demostraba cómo se iba a tocar la guitarra en los años sucesivos (solo y acompañando) el otro dejaba su mejor legado ortodoxo y forjaba su leyenda más aprovechable.

Ambos genios se separan, el oxígeno siempre ayuda a pensar mejor, y ya sólo compartirán grabaciones y vivencias coyunturalmente.

 

Paco de Lucía ha conmocionado al flamenco siendo número uno de ventas con su guitarra y una rumba que hoy sigue dando frutos: “Entre dos Aguas”. Sin duda la pieza más sencilla de su inhumano repertorio, pero la más conocida y la que a la postre le ha dado la fama.

Tema que llegó en el disco “Fuente y Caudal” (1973) obra maestra de principio a fin. Arranque de una revolución total por etapas. Al año siguiente debutó en el Teatro de la Zarzuela con un cruce de piernas sólo superado por el de Sharon Stone. Concierto aquel que fue grabado por un intrépido Payo Humberto y que conservamos en caja fuerte algunos seguidores del holandés.

Un año más tarde, la concurrencia flamenca invadió el Teatro Real, aunque Paco de Lucía ya era una celebridad por medio mundo, incluyendo los más importantes templos del clásico.

Hitos de un maestro que, unidos a la ejemplar labor de comunicación y difusión de su entonces “agente”, Jesús Quintero, labraron el camino hacia el estrellato mediático.

 

Años en los que el flamenco, es evidente, le empezaba a saber a poco a un guitarrista que tenía ansia de apertura. La guitarra necesitaba nuevos horizontes y nuevos protagonistas. Sus heréticas versiones de Falla, su nuevo y amplísimo grupo, sus discos, sus compañeros de gira (Coryell, Mclaughlin, Chick Corea…) se estaba ganando enemigos por todos los sitios. En el clásico Segovia ya le tiene enfilado, en el flamenco los ortodoxos ni lo entendían ni ganas que tenían, en el jazz se le ve como un advenedizo, su propio padre dudaba de él… retos que le ponían de nuevo ante la dificultad y a la vez ante la posibilidad de motivarse.

 

 

La apuesta es arriesgada pero la capacidad guitarrística de Paco de Lucía resulta siempre arrolladora. Conceptos como el de “Sólo Quiero Caminar” (1981) siguen vigentes hoy. De tal modo que casi todos los guitarristas han olvidado el precepto de ser solista de continuo para, en cuanto pueden, agarrarse un grupo y “disfrutar” en sociedad. Tampoco es eso.

 

Todos querían tocar como Paco de Lucía, que además se trae prestado un cajón de Perú. Hoy hay escuelas y festivales solo de cajón. Con su mítico sexteto se colará en festivales de Rock, de Jazz… mientras que en España se le programará cada vez menos, cundiendo el desconcierto entre una errática y musicalmente analfabeta crítica y una afición flamenca que no acaba de encontrarse a gusto en los brazos de un tocaor que ya no es tal y se codea con otros músicos a cada cual más exótico.

Pero los discos sucesivos tendrán un eco desmedido entre los guitarristas: Siroco (1987), Zyryab(1990) su polémica pero bien medida versión del “Concierto de Aranjuez” (1991), “Luzía” (1998), “Cositas Buenas” (2004)… todos marcaron tendencia.

Una influencia que se convierte en la mayoría de los casos en obsesión por el divo. Ciertamente, lo mismo que sucedía con Andrés Segovia y su peso en la guitarra clásica. Algo que ha puesto, del mismo modo, al toque flamenco en los conservatorios y festivales de guitarra, pero que corre peligro de quedarse en amago en lo que las autoridades no den continuidad a un legado que no se puede morir con su padre. Algún día habrá que escribir sobre el asombroso parecido en las carreras de Paco de Lucía y Andrés Segovia y la dependencia del gremio para con ellos. Con una alta probabilidad, los dos mejores guitarristas del siglo XX, no muy amigos. Qué más da.

 

Los premios llegaron, queda dicho, desde el minuto uno. Y, era justo y de esperar, no finalizaron con su muerte. Algeciras tiene ya la ruta Paco de Lucía en proyecto para honrar a su hijo predilecto.

Las vitrinas de la “Sinfónica de Algeciras” tuvo premios Honoris Causa, el Príncipe de Asturias de las Artes, Medalla de las Bellas Artes, algún que otro Goya (música suya o intervenciones de Paco de Lucía hubo en catorce películas) Grammys, Nacionales de la Música…. aunque, puestos a pedir, un título nobiliario no le hubiera quedado mal. Teniendo en cuenta lo baratos que resultan según el ámbito en el que nos movamos. Para la guitarra, no obstante, siempre será el Rey. Por mayoría democrática.

 

 

Su toque fue flamenquísimo y de un fraseo y una claridad dignos del mejor clásico. Su técnica sin igual y sus composiciones, un auténtico teorema de la melodía con la armonía más avanzada que ha tenido el flamenco. Todo “cantable”, como siempre entendió esta música.

No hubo profesional del toque, en general, que levantara una voz más alta que otra a su carrera. Y si esto sucedió, trascendía el tufo envidioso del asunto. Todos los reproches sostenidos en el tiempo han quedado tan desacreditados como el conocimiento musical de los autores. Duro es decirlo, pero el genio tuvo arte hasta para mezclar músicas.

 

Una indisposición mientras jugaba al fútbol en la playa acabó por convertirse en infarto. Llegó tarde al hospital. Iba para tres semanas sin fumar. La muerte de su amigo Félix Grande le había puesto tras la pista.

Cuatro meses después apareció su monumental “Canción Andaluza”, último disco que hacía con su discográfica de siempre. Paco murió apenas tres días después de que se acabara su contrato con la multinacional. Era libre y tenía en mente EL DISCO. No pudo ser.

 

Además de su legado musical, dejó cinco hijos, algunos de ellos con simiente creadora. Hay documentales, conciertos, vídeos más o menos autorizados, libros… y sus discos, materia de obligado estudio para cualquier musicólogo que quiera analizar el flamenco, nuestra música popular, la guitarra o directamente lo que es ser un virtuoso de este instrumento.

 

Paco falleció en el extranjero, como Juan Crisóstomo de Arriaga, Manuel de Falla, Albéniz… un gran músico español muerto en el retiro espiritual que no le daba su país. Los actos fúnebres en España vinieron precedidos por la incompetencia de las autoridades políticas y musicales para darle el adiós merecido. Aún así, las colas fueron largas para despedirle en el Auditorio Nacional de Madrid. Y, claro, en Algeciras.

 

 

La guitarra lloró más que nadie su inesperada muerte. No se creían los flamencos que Paco no sobreviviría a Niño Ricardo o Sabicas. Pero así fue. La foto de Tomatito y Vicente Amigo, entre otros, llevando el féretro del maestro es hoy parte de la imaginería de nuestro arte. Cada mes de febrero es obligatorio su recordatorio. Todavía hoy no nos creemos que nos falte.

 

PABLO SAN NICASIO (REDACCIÓN VILLA ROSA)

 

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