Anabel Poveda entrevista a dos generaciones del Flamenco: Toni 'El Pelao' y Jonatan Miró - Blog Villa Rosa
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Anabel Poveda entrevista a dos generaciones del Flamenco: Toni ‘El Pelao’ y Jonatan Miró

Anabel Poveda entrevista a dos generaciones del Flamenco: Toni ‘El Pelao’ y Jonatan Miró

Donde habita el duende…

Entramos en el Villa-Rosa a media tarde, cuando el silencio todavía reina entre las mesas, el escenario y la barra del famoso tablao flamenco. La tradicional sala recuperó su esencia hace ya tres años y un equipo entregado le ha devuelto el esplendor de su época dorada. Allí nos esperan impacientes Rebeca García, responsable de Márketing y Relaciones Públicas; Toni «El Pelao», uno de los bailaores que mejor conoce los entresijos del tablao, y Jonatan Miró, Director Artístico desde 2011. Los tres coinciden en algo… “Si estas paredes hablasen…”. 

Por Anabel Poveda.

Retrato de Don Antonio Chacón

El Villa-Rosa ha vuelto a la vida cultural madrileña recuperando la esencia de lo que fue, el colmao, el café-cantante y el tablao flamenco más importante de Madrid. De contarnos su historia se encarga Rebeca García, que vive por y para promocionar esta nueva etapa de la sala, que vuelve a ser restaurante con espectáculo.

Rebeca nos cuenta que el Villa- Rosa se fundó en 1911, en un antiguo molino de chocolate. Farfán y Céntimo lo abrieron como freiduría-casa andaluza y fue en 1918 cuando Antonio Torres y Tomás Pajares lo convirtieron en lo que entonces llamaban un colmao.

Aproximadamente en 1921, es Don Antonio Chacón, entonces Director Artístico de “Los Gabrieles” el que cambia un local por otro y convierte el Villa-Rosa en un referente de la vida cultural madrileña. Hombre bien posicionado, cantante reconocido y muy bien relacionado, Chacón consiguió llevarse al Villa-Rosa a un gran número de señoritos amantes del cante y del baile, que contrataban a los artistas para sus fiestas particulares.

“Se cuenta – nos dice Rebeca- que en la inauguración Antonio Chacón juntó 21 títulos nobiliarios y un montón de coches blasonados que inundaban la Plaza Santa Ana”.

Fue una época de máximo esplendor en la que frecuentaban la sala Imperio Argentina, Manolo Caracol, Lola Flores, Valderrama… Sin duda una época dorada en la que nadie quería perderse las fiestas del Villa-Rosa. Incluso cuentan los rumores que el mismísimo Alfonso XIII llegaba de incógnito por unos pasadizos que existen en la planta baja y que, hoy, por motivos de seguridad, están tapiados.

Carmen Vargas

Carmen Vargas. Antiguo escenario Villa Rosa, 1956

El Villa-Rosa consiguió seguir abierto durante la Guerra Civil y se mantiene con éxito hasta los años setenta, momento en el que vive otra época gloriosa, con artistas de renombre que van allí a formar sus compañías y a contratar bailarines y cantaores. No era raro ver a Pilar López o Antonio El Bailarín buscando nuevos talentos por allí. Tras un breve cierre, en los ochenta reabre como discoteca elegante y distinguida y en marzo de 2011 el empresario Jesús Rodríguez Cerezal lo vuelve a recuperar como tablao flamenco, para devolverle el esplendor de antaño.

Buscando la fiesta

La historia apasionada del Villa-Rosa en boca de Rebeca García sólo se ve interrumpida por pequeñas puntualizaciones que hace con cariño Toni «El Pelao», bailaor con solera, que vivió en primera persona esa época gloriosa en la que todos los artistas del país pasaron por allí.

Toni cuenta con nostalgia que, como los viajes al extranjero eran muy breves, los artistas del flamenco tenían que vivir de los tablaos y los colmaos. Él ha trabajado en todos y comenzó en Zambra, otro tablao mítico de Madrid.

Interior del Tablao Villa Rosa

“Era una época muy buena, ahora se baila mucho mejor que antes, porque antes teníamos tres pasitos, dos contratiempos y tres escobillas, y estos señores de ahora hacen barbaridades con los pies, vamos que si levantaran los difuntos la cabeza, volvían a morir de cómo bailan estos chicos. Bailan horrorosamente bien, fenomenal, puro nervio, fuerza, aguantan lo más grande, nosotros éramos bailaores mu cortitos, de tres minutitos, pero ahora son unos fenómenos… lo único que algunos han perdido el arte”, sentencia Toni.

Toni «El Pelao» y Jonatan Miró

Del Villa-Rosa, y de la nueva etapa, destaca que mantiene la esencia del flamenco, vestirse de corto, saber estar en el escenario… cosas que considera indispensables para un artista. “En otros locales salen con pantalón vaquero, con bigote y barbas… Y eso yo no se lo he permitido ni a mis artistas de ahora. Mantener la tradición es lo mejor que hay, ese es el arte, y sentarse como se debe, no ‘tirao’ en la silla, eso es el flamenco, por lo demás, qué quieres que te diga… no se está perdiendo nada, lo único que hoy abusan de la técnica, no se preocupan de la cintura para arriba, se ha dado la vuelta a la tortilla y si es para bien, me alegro, pero… que cambien un poquito ¡algunos, no todos!”.

De esa época del Villa-Rosa, famosa por las fiestas de los señoritos y de los artistas famosos de la época asegura tener mil anécdotas.

“Nos metíamos de juerga en un cuarto y a cantar y a bailar, una fuente de jamón, unos calamares, y venga cante y baile hasta las ocho, las diez de la mañana o las tres de la tarde, y cuando había señoritos nos pagaban y cuando era juerga de artistas no cobrábamos ninguno. A Lola Flores no le íbamos a cobrar, ni a Pilar López o a Antonio El Bailarín, entre artistas no se cobraba, y a los señoritos les pedíamos entonces 4.000 reales, ¡mil pesetas!”.

En aquella época asegura Toni El Pelao que el turismo no pisaba los tablaos flamencos… excepto Zambra, que tenía un acuerdo con el Ritz y el Palace y llevaba ese tipo de público. Toni se ríe y nos cuenta que en Zambra el director tuvo que invitar a marcharse a Luis Miguel Dominguín y Ava Gardner, más pendientes de su propio romance que de los artistas que actuaban esa noche en la sala…

Desde el Conde Montarco, pasando por los hermanos Santonia, incluso a algún miembro de la burguesía le cerraban el Villa-Rosa tres días seguidos… eso sí, muy discreto Toni nos comenta “¡pero no puedo decir quién era!”.

Olga Pericet

En esos años los artistas no tenían muchas posibilidades y encontraban siempre en el Villa-Rosa las puertas abiertas, para comer algo y tomarse un chato de vino. Les fiaban hasta que llegaba el fin de semana y con los sueldos de las fiestas pagaban sus deudas.

“Por aquí han pasado todos los artistas, todos, los más grandes, yo he compartido fiestas con Güito, Manolete, Cristóbal, Farruco… y era un honor porque gracias a esas fiestas podíamos vivir. Ahora a los bailaores no les hace falta buscar esos actos privados porque todos tienen qué comer y qué beber en casa. Era otra época”.

A sus 74 años, Toni El Pelao sigue al pie del cañón, con su grupo y bailando en festivales importantes. Recientemente compartiendo cartel con Mercé o Diego el Cigala. Asegura que el baile es su vida y aunque no ha sido artista invitado nunca en la época del Villa-Rosa tablao, alguna vez sí se ha subido con amigos a dar “una patadita”. Él lo tiene claro, ·”yo quiero seguir en activo y moriré con las botas puestas, yo y mi mujer la Uchi”, ambos Premio Nacional de Baile por la Cátedra de Flamenco de Jerez. De la vida del bailaor de tablao cuenta que “es muy duro, durísimo, y si tienes un nombre peor todavía porque tienes una responsabilidad y desde que sales estás sudando y nervioso… y si es en Madrid más, no te puedes relajar”.

Da gusto escucharle, es sabiduría y experiencia en estado puro, y tiene tantas anécdotas que merece un reportaje aparte… Toni y sus hermanos son la esencia del flamenco en Madrid.

Romántico empedernido

Absorto y sonriente Jonatan Miró escucha a Toni El Pelao, pensando por dentro, seguro, quién hubiera podido vivir aquella época dorada del flamenco en Madrid.
Bailaor con larga trayectoria, a pesar de su juventud, es el Director Artístico del Villa-Rosa desde su reapertura en marzo de 2011. Para él fue una oportunidad de oro. “Yo, como ya sabes, me considero un aficionado del flamenco antiguo, había leído mucho a Blas Vega, había leído mucho sobre el flamenco, el Villa-Rosa, los cafés cantantes, y sabía lo que había sido porque al estudiar a Chacón, además de ser un genio, él le dio esplendor a esta casa, y esta casa se lo devolvió a él. Así que la responsabilidad de dirigir esto era grande, pero cogí los machos, intento hacerlo lo mejor que puedo, siendo muy fiel a mi criterio, y ya vamos a hacer tres años”.

Miembro de una generación joven que trabajó directamente con Pilar López, Gades o Granero, Jonatan tiene una visión del arte que pasa por entender el flamenco con mimo, con seriedad y profesionalidad. Su relación con esos grandes cree que ha definido su criterio artístico. “Para mí es muy importante guardar tradiciones, dentro de que, como decía Toni, las cosas evolucionan, e ir en contra de eso es imposible porque te quedas anclado en una utopía, en una época que no existe, a mí me hubiera encantado compartir esa época con ellos, compartir con esos artistas.

Jonatan Miró

Por mi romanticismo me hubiera gustado más esa época, pero me ha tocado ésta y dentro de lo que yo puedo hacer, me gusta guardar la estética, creo que es súper importante cuidar el escenario, la compostura, el cómo se sienta un artista encima del escenario y eso es algo que no tienes que enseñarle a nadie. Si tú contratas gente profesional, las primeras figuras saben lo que tienen que hacer”.

Cuando empezó a dirigir el tablao pensó lo que le gustaría hacer, pero la situación económica le permitió que muchos primeros artistas volvieran a los tablaos para ganarse la vida, por lo que están pasando por el Villa-Rosa grandes bailaores del momento, que han encontrado en la sala de la Plaza Santa Ana su casa.

«Siento que se ha creado algo muy bueno aquí, los artistas quieren venir a trabajar, eso me enorgullece muchísimo porque se ha gestado algo muy bueno y se está contando con primeras figuras: Olga Pericet, Marco Flores, Manuel Liñán, Soraya Clavijo, Inmaculada Aranda, Guadalupe Torres, Adrián Santana, está viniendo mucha gente que, bueno, han hecho que el tablao no sea uno más, sino un tablao en el que se junta gente muy importante dentro del mundo del baile, del toque y del cante»

También se han creado ciclos paralelos en los que se ha ofrecido un flamenco con renombre, más enfocado a público entendido, en los que han participado Diego Carrasco, Tía Juana la del Pipa con las Viejas de Jerez, La Tana con su madre Herminia Borja, los Macarines, Fernando Soto, José el Francés, Montse Cortés y Guadiana, y fusiones de Jam Session, con músicos como Caramelo de Cuba o Alain Pérez con Nino de los Reyes, Pedro Córdoba, David de Jacoba, Paquete con la guitarra… nos estamos moviendo mucho para crear cosas nuevas y mantener vivo el local, no sólo para el público extranjero, sino para los españoles, esto antes era un local donde se juntaban artistas y gente muy selecta, señoritos, gente de la realeza, toreros, actrices, no estaba abierto para cualquiera, pero hoy en día vive del turismo, aunque van entrando españoles que redescubren el flamenco y se llevan una grata sorpresa.

Guadalupe Torres

Jonatan lamenta que los propios españoles tengan tantos prejuicios y desconocimiento del mundo del flamenco y que lo relacionen con una etapa política que le perjudica mucho. Como artista y bailaor considera que “habría que hacer hincapié en que los jóvenes y los niños desde pequeños conocieran nuestra música propia, nuestra cultura y lo que nos distingue de otros países y nos hace únicos”.

Aún tienen problemas para intentar que a la sala entre gente de aquí, porque sobre todo tiene tirón entre los extranjeros. Y no le extraña, porque fuera el flamenco está mucho más reconocido y tiene presencia en los festivales más importantes del mundo.

“Encantado de que me hayan brindado esta oportunidad y más en los tiempos que vivimos, el premio que es tener un trabajo estable, estoy volcado en cuerpo y alma. Y como bailaor, ver esto lleno por las noches, recibir el aplauso del público, ver emocionarse y llorar a la gente y leer los mensajes anónimos en nuestro libro de visitas merece la pena”.

Su objetivo es seguir trabajando, darle una vuelta de tuerca para llegar a más público y poner en marcha los fines de semana una atracción coreografiada por grandes figuras del flamenco, para poder ofrecer algo nuevo y original. “Yo lo voy a hacer lo mejor posible, y mi objetivo es que esta casa funcione más allá de que esté o no esté yo. Esto es un templo que ha significado mucho para el mundo del flamenco y esperemos que no se vuelva a perder nunca más. Es el sitio más antiguo y ojalá los artistas no vuelvan a dejar que se pierda. Veremos si la crisis nos deja seguir adelante y seguir haciendo historia”.

Fuente: Reportaje Villa Rosa, Revista Danza · 2014

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