Ayasa Kajiyama, flamenco a la japonesa

La casualidad hizo que la Ayasa Kajiyama terminara siendo bailaora flamenca. Y es que la japonesa, preparaba sus pruebas olímpicas con su equipo de natación sincronizada cuando una lesión de hombro le hizo reconducir su camino.

Ayasa combinaba la natación con sus clases de ballet clásico, aunque no contenta con lo que en ella despertaba este baile, se lanzó a la búsqueda de un hobby que llenara sus días.

Su flamencura empezó a despertar en una academia donde impartían sevillanas cerca de su casa donde pudo descubrir las claves básicas del flamenco con una maestra nipona.

Ayasa comenzó a interesarse por el flamenco y fue en uno de los espectáculos del bailaor Benito García donde se cercioró de la grandeza de este arte. Fue entonces cuando empezó a recibir clase del maestro cordobés en su academia de Japón.

Una química especial les unió de tal forma que Benito apostó desde el primer momento por el talento de Ayasa, guiándola en su andadura profesional como bailaora en sus inicios.

La bailaora japonesa lograba dar un paso cualitativo al ser finalista del concurso de la Asociación Flamenca de Japón, con el que pudo disfrutar de una beca y aprender flamenco en la fundación de Cristina Heeren de Sevilla.

Sin apenas hablar español, la japonesa se hizo un hueco en la estampa nocturna de las calles andaluzas, empapándose de la cultura flamenca más popular, rodeándose de gitanos y amantes de flamenco que la imbuyeron completamente en la esencia de este arte.

Tras este período, Ayasa vivió con un tacón en Tokio y otro en Sevilla aprendiendo de grandes maestros como Carmen Ledesma, Farruquito, José Manuel Ramos “El Oruco”, Juan Amaya y Luis Peña, entre otros y consiguiendo afianzar su imagen como bailaora y profesora flamenca en Japón.

En su trayectoria, destacan los reconocimientos obtenidos durante varios años en Japón en el concurso de la Fundación Maruwa, así como en el concurso que anualmente realiza el Tablao Flamenco Villa Rosa en Madrid para dar a conocer a nuevos artistas.

Gracias a este concurso de baile que organiza cada año Villa Rosa que es una gran ventana y trampolín de lanzamiento de jóvenes talentos al mercado laboral flamenco, Ayasa ha conseguido proyectar su carrera profesional como bailaora en España, donde se encuentra actualmente para llevar a cabo varios espectáculos en Sevilla, Granada y Madrid.

Recientemente, tuvo la oportunidad de recibir clases de “El Barullo”, primo de Farruquito, así como de asistir a su espectáculo en Japón. Ayasa afirma que ha sido una experiencia muy gratificante y que le ha ayudado a decidirse a venir a España el año que viene para establecerse en la capital, aprender el auténtico flamenco y darse a conocer como bailaora. Experiencia que deberá llevar a medio camino con la escuela de flamenco que tiene en Tokio.

La trayectoria de Ayasa está en plena efervescencia artística, una etapa de experimentación empírica en la que no se define todavía. Según nos cuenta, ella vive el “flamenco como si fuera un juego en el que cada parte interactúa y forma parte del espectáculo” y que experimenta cada noche.

Confiesa que no tiene ningún estilo preferido y que se deja llevar cada vez que se sube al tablao, aunque sí señala que la mayoría de veces que baila en su país se va por soleá.

Respecto al gusto de los japoneses por la cultura española, nos cuenta que la sociedad nipona aprecia todo aquello que tiene que ver con las tradiciones de un país, no solamente la española, por lo que es una de las razones de peso para que el flamenco triunfe en Japón.

Además, señala curiosas similitudes entre el flamenco y la música tradicional nipona que, aunque muy diferentes, tienen un sentir muy similar.

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